Número 5

La sociedad de la ansiedad

Ugoh Chávez

Según Pierre Bourdieu las sociedades son altas y bajas. Weber concluye que la economía y la sociedad no pueden entenderse de manera independiente y Roland Barthes, sin buscar contradecirle, concluye que lo inseparable es la literatura y la sociedad. Guy Debord dice que hay sociedades del espectáculo y Giovanni Sartori que la sociedad es teledirigida. Entonces aparece Jean Baudrillard y las engloba como sociedad
de consumo, con todo y sus mitos además de estructuras. A su manera, Jared Diamond se pregunta por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen. Karl Popper denuncia que la sociedad abierta tiene enemigos, Zygmunt Bauman remata
diciendo que además está sitiada. Luego entonces, según Michel Foucault (porque siempre hay un según Foucault) a la sociedad hay que defenderla. Con la complicación inherente de que hay sociedades de la transparencia según Byung-Chul Han y en el entendido de que Ulrich Beck no se equivocaba cuando concluyó hace unos veinte años, sobre la transformación en una sociedad del riesgo global donde los problemas de unos
pocos, se vuelven los problemas de muchos, por supuesto, derivada de la era de la información y la sociedad red, como los define Manuel Castells, misma que no es muy diferente de la sociedad planetaria en la versión de Marc Auge. Lo único cierto, de momento, es que las sociedades sí son comparadas como menciona Jared Diamond.

Hay sociedades anónimas, civiles, urbanas y rurales, conyugales, normadas, cooperativas, hay sociedades regulatorias, comerciales y de capital variable. Anthony Giddens dice que también son modernas. La ciencia sugiere que somos seres sociales y prácticamente todos los pueblos entienden lo mismo cuando alguien es señalado como un marginado social o cuando se presenta a una persona en sociedad. Hay sociedades visuales, híbridas, literarias, musulmanas y cristianas, desconocidas y emergentes.

Sociedades errantes dice Keri Smith, con miedo, agrega Heinz Bude, sin relato, dice Nestor García Canclini. Pablo Fernández Christlieb describe a una sociedad mental que pregona que es inteligente porque piensa que piensa. Aunque la sociedad de la inteligencia artificial nos haga ver como simios lampiños que usan jeans en la playa
de Huatulco. No es por esta razón que Ross Douthat dirá que la sociedad es decadente, pero de seguro sí incomoda a Joseph Stiglitz, porque para él, aparentemente desde hace unos ocho años y luego de sorprenderse con las desigualdades sociales, se enfoca en la creación de lo que llama una sociedad del aprendizaje. Proyecto que seguramente enfadaría a Iván Illich quien sostuvo hasta su último respiro la postura de que sociedad debía ser desescolarizada.

La realidad es la que sociedad es una entrada en el diccionario que escribió un funcionario de cuarenta años, gordo, calvo y derrotado en el amor, la casa y la oficina, que no tiene amigos ni deseo de tenerlos, por eso la definición de sociedad es la de su significante numérico y contractual: “Conjunto de personas, pueblos o naciones que conviven bajo normas comunes”.

En este contexto agregar una sociedad de la ansiedad no le hará daño a nadie. Así, la sociedad de la ansiedad es desde el principio socialmente responsable.

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