Número 9

ENTREVISTA A UN PERRO CALLEJERO

Alan Martinez – Autor del libro – Reseña

¿Te has preguntado qué podría decirte tu perro o gato, si te pudieran hablar?, ¿Qué aventuras y desventuras vive un perro callejero en su día a día? Quizá ellos no puedan contárnoslo con palabras, pero vaya que una mirada suya puede decirnos todo lo que sienten.

Esta es la historia de Jack, un perro que durante mucho tiempo vivió en la seguridad de un hogar, y trata de responder algunas de estas preguntas por medio de una de serie de proezas que tiene que vivir el pequeño can, para encontrar el camino a su hogar, luego de que en un desafortunado día se pierde. En su camino se cruzará con grandes aliados como Pucca, la perrita callejera que desprecia a los humanos y no quiere saber nada de nadie más, y a la que el destino lleva a formar parte de esta gran travesía. Una pareja de gatos bastante peculiar, el Viejo Tobby, un sabio compañero y el divertido e inocente Yolo. Todos estos personajes y más ayudarán o no a Jack para volver a casa junto a su niño Christopher, pues como se dice: “Todo perro, debe tener a su niño”. Aunado a esto Jack, enfrentará la dura vida de un perro en las calles frías y cruentas, y se dará cuenta de que no todos los humanos son compasivos con los animales.

La novela profundiza en las experiencias de lo que puede vivir un animal, ya sea perro o gato, en las calles. Sobre cómo la sociedad llega a ser tan cruel con esos seres que no tienen voz para defenderse y a su vez la ingenuidad de los mismos, al creer que todos serán bondadosos con ellos o volverán luego de ser abandonados.

Número 9

ES BRUNO!

Astreo Bernard – Redacción

(Its Bruno, Dir.: Solvan Naim, EUA, 2019, Netflix, Dur.: 8 episodios)

En algunos de sus periodos la vida puede ser difícil. El día a día nos trae situaciones adversas cuyo origen o resolución puede o no estar bajo nuestro control. A la larga, la acumulación de sentimientos negativos sin trabajar nos puede orillar a la amsiedad e incluso a la depresión. Unas de las mayores dificultades que experimentamos son las relaciones con las personas que nos rodean, ya sean de amistad, de familia, de pareja, o de civismo. 

Todo aquel que ha tenido la oportunidad de tener un perro en su vida y ha compartido con ese perro cariño, compañía, diversión, lealtad, y demás experiencias y sentimientos positivos, sabe que ha encontrado un compañero de vida. Cuando un perrito está en nuestra vida le da un propósito, las actividades compartidas se vuelven significativas y disfrutables y uno experimenta la realidad de manera diferente.

Esa es la historia de Malcolm (Solvan Naim), quien en su perro Bruno (un Puggle mezcla de Pug y Beagle) encontró la alegría para día a día enfrentar con entusiasmo las actividades y adversidades. Desde que Malcolm miró a Bruno a los ojos supo que Bruno había pasado por mucho y tenía una larga historia que contar, por lo que decidió adoptarlo y compartir con él la felicidad que ambos pudieran encontrar juntos.

La historia transcurre en un barrio en Brooklyn en el que podemos ver cómo las condiciones del mundo afectan la experiencia de vida de los vecinos y la relación que hay entre ellos. Toda persona que es feliz desearía que nada en este mundo interfiera y termine la felicidad que se vive. Sin embargo, las adversidades están a la vuelta de la esquina, nos rodean y muchas veces son imperceptibles. O bien, pudiera ser que las adversidades se manifiestan de formas inesperadas. Pudiera ser que la cadena de suministros de la comida favorita de nuestro perro sea interrumpida. Pudiera ser que nuestro perro tenga un rival. Pudiera ser que los demás no valoren a nuestro perro tanto como nosotros. Pudiera ser que los demás si valoren a nuestro perro tanto como nosotros. Pudiera ser que nuestro perro no es admitido en el supermercado. Peor aún, el terror de que nuestro perro sea alejado de nuestro lado.

Crimen, rivalidad, gentrificación, discriminación, abandono institucional. No importa cuál sea la adversidad que se presente Malcolm hará todo lo que esté en su poder para proteger a Bruno y para procurar su bienestar. En esta historia podemos ver el viaje emocional por el que un humano está dispuesto a pasar para poder caminar en compañía de su perro por esta vida.

Esta historia nos invita a cuestionarnos: ¿qué estaríamos dispuestos a hacer para garantizar el bienestar de nuestras mascotas? ¿Hasta dónde seríamos capaces de llegar por tener a nuestro lado a nuestros amigos perros?

Número 9

EL PUENTE

Dante Vázquez – Escritor

—¿Cuántos cuerpos humanos son necesarios para construir el puente? —preguntó serio el ingeniero Castillo. 

—Un millón. Pero ¡vamos! Quite esa cara de angustia: todo gran proyecto requiere sacrificio. Además le será recompensado —respondió el hombre de traje azul marino y sonrisa siniestra.

El ingeniero Castillo llegó a su despacho, se quitó su saco gris oxford, aflojó el nudo de su corbata, tomó el teléfono e hizo algunas llamadas. Entre llamada y llamada removía el sudor de su turbado rostro y de sus manos temblorosas. Al final su escritorio se transformó en un pequeño cementerio de pañuelos desechables. A la mayoría de sus contactos en el gobierno les pareció inaudita su petición: exhumar cadáveres de panteones, extraerlos de fosas clandestinas o sacarlos de morgues de la ciudad. Incluso del país entero si era necesario. Para posibilitar la creación de un nuevo camino, bien y mal deben encontrarse en la relación opuesta existente entre ellos; trascenderse en comunión, en un reconocimiento propio desde el Otro. Con cierta renuencia algunos accedieron a prestarle ayuda en tal acción, así que también recurrió al ámbito criminal. La obra tenía que ser terminada a como diera lugar, de ella dependía el mejoramiento de una de las zonas más pobres a nivel nacional.

Durante siete años hubo miles de desapariciones humanas en la patria mexicana. En los noticieros nacionales se habló de secuestros, asesinatos, tráfico de órganos… y en el lugar de la construcción ocurrieron cientos y cientos de accidentes. Fue un periodo sangriento.

—Un cuerpo es el que falta, ingeniero Castillo. Uno, y el más especial —dijo el hombre de mirada penetrante y oscura—. Cerrar las puertas del Infierno requiere del más hermoso gesto de valentía. El Otro es un puente hacia el exterior de uno mismo. Piense en sus hijas y en su esposa: ellas le dieron motivos para ser lo que ahora es. Y a partir de ellas usted se piensa y se vive distinto a los demás.

El ingeniero Castillo se llevó las manos a la cara antes de abrir la puerta de su hogar. En un sillón de piel negra dejó su saco beige y su portafolios de aluminio.

—¡Llegaste temprano, papi! —escuchó—. Ven a cenar con nosotros al comedor. Mamá hizo pollo adobado, ensalada de manzana y espagueti blanco para celebrar el cumple’ de Naty’.

—Sí, Aranza, voy —respondió suave el ingeniero Castillo.

Trago saliva, sus ojos se humedecieron y se dirigió a la cocina.

El puente vehicular a la región de La Montaña en el estado de Guerrero, al sur de México, fue inaugurado con éxito. Y dicen que cada 21 de noviembre un hombre vestido de traje negro camina a lo largo del puente mientras fuma un cigarrillo.

Número 9

TEN UN BUEN VIAJE, AMIGA

Choco Cheems -Literatura

Esto sucedió en el verano, en el mes de julio.

Lunes

11:02 am. – Mi vecina nos hizo el infinito favor de llevarnos a la veterinaria en su camioneta: a mi mamá, a mi pastor alemán y a mí. El estado de la perrita no le permitía caminar bien, por eso había sido necesario trasladarla de esa manera: con ayuda de unas cobijas la subimos y colocamos con cuidado en la parte de atrás del vehículo.

11:10 am. – La veterinaria apenas abría, seríamos las primeras pacientes del día, para no interrumpir otros procesos ni ser interrumpidas en el que necesitábamos. Esperamos, la pastor alemán (a quien apenas había conocido hace dos días) apenas y movía su cabeza de un lado a otro, en actitud tranquila.

11:20am. – Mi mamá y yo pudimos ingresar a la veterinaria, nuestra vecina esperaría fuera. Con cuidado cargué a la perrita y la coloqué en la mesa de operaciones: nuestra convivencia se reducía a dos días y unas horas, pero había demostrado ser un animalito muy tranquilo y agradable. “Nosotros hemos dado nuestro diagnóstico y las acompañaremos en esta decisión”, dijeron los veterinarios. Estábamos tristes, pero era algo que ya habíamos decidido con ayuda de ellos.

11:25am. – “Voy a rasurar un poquito del pelo de su patita, para encontrar fácilmente una vena, primero le aplicaré anestesia para no sienta ningún dolor, después vendrá la inyección de pentobarbital sódico, que causará la muerte.” Dije que sí.

11:26am. – Abracé a la pastor alemán mientras la doctora preparaba la manguerita quirúrgica, una jeringa, la pequeña rasuradora eléctrica y sacaba una caja con el fármaco que utilizaría; el doctor verificaba que no faltara nada, ningún instrumento, ningún procedimiento. “Tienes unos minutos para hablarle, para despedirte, dile todo lo que quieras”.

En ese momento recordé todo de golpe: nos habíamos conocido apenas unos días atrás, el sábado. Después de una larga caminata, a menos de quince minutos para llegar a mi casa, en un cruce de calles, vi a la perrita detrás de un puesto de comida, creí que era de alguien, pues aunque se veía flaca y débil, se distinguía que era una pastor alemán y no es tan común que alguien se deshaga de perros de raza, al menos eso creí. De inmediato vi la verdad: no era de nadie, se veía cansada, el pelo se le caía, las costillas se le marcaban y su andar era encorvado, como si caminar la lastimara. Muchas veces he tenido que ignorar a perros callejeros, mi casa está llena de gatos y perros y mi familia y yo no podemos darnos el lujo de rescatar y mantener a todos. Pero esa delgadez extrema y el andar lastimado me decían que no podía dejarla ahí, la perrita estaba muy débil.

Como pude la calmé y la atraje hacia mí, mi intención era llevarla hasta mi casa, darle de comer, darle agua y llevarla a revisión al veterinario. Fue complicado, podía asustarse y escapar, además aunque se veía tranquila, su tamaño intimidaba un poco y cualquier perro si se siente amenazado, puede morder. Estuvimos minutos así: ella confundida y yo hablándole y acaricándole el lomo lentamente para calmarla; sería demasiado difícil conducirla así, por lo que pedí ayuda a uno de los puestos que había en la calle “Perdone ¿tiene algo para que pueda amarrar a esta perrita? Voy a ayudarla, pero no quiero que se escape”, conseguí una cuerda para saltar de un amable señor.

Continuamos, el camino a casa nunca fue más largo que ese día. El sol del verano era muy fuerte, ella tenía mucha sed y se estaba negando a avanzar, la entendía, quién sabe por cuántos días no había comido ni bebido. Por fortuna un muchacho nos vio pasar frente a su jardín y me regaló una cubeta con agua que ella se bebió de inmediato. Seguimos caminando ¿no me faltaban sólo 15 minutos para llegar a casa? Parecía que nunca llegaríamos ¿y qué diría mi mamá cuando me viera con un animalito de ese tamaño?

Finalmente ella no pudo más, se acostó a media banqueta, me quedé de pie junto a ella, hablándole y acercándole el agua ¿Cómo avanzaríamos las calles que faltaban? Ya no me parecía tan fácil: ella estaba muy cansada, lastimada y débil para seguir. De nuevo la bondad de los extraños nos sonrío y una mujer se ofreció a llamar un mototaxi para que nos recogiera. Le agradecí tantas veces como pude; casi cargando a mi nueva amiga, la metí al vehículo con todo y su cubeta de agua, le pagué al conductor. Finalmente llegamos a mi casa, pensé que sería una tarea fácil dejarla como nueva, ya había tratado antes con perritos callejeros desnutridos, incluso con sarna, siempre con ayuda del diagnóstico de los veterinarios y de medicina proporcionada por éstos. Le di de comer, le di más agua, limpié con agua lo más que pude su cuerpo, se le caía mucho el pelo, sus orejas estaban irritadas, llevaba un raspón en la nariz y una de sus uñas de las patas traseras goteaba sangre.

Horas después, en cuanto estuvo más tranquila y alimentada, mi vecina se ofreció para llevarnos al veterinario en su camioneta. Confiaba en que sólo sería un problema de desnutrición, que con unas inyecciones, unas pastillas y unos días de buena alimentación quedaría repuesta y lista para que, a regañadientes, mi madre me dejara conservarla, para que le hiciera compañía a la Nikita y a la Sally, (mis dos perritas mestizas) y conociera a la manada de gatos, a toda la familia. Pero el diagnóstico de los veterinarios no fue alentador: era una perrita mayor de edad, sí, presentaba desnutrición, la temida displasia de cadera, tan frecuente en los pastores alemanes, ya había hecho su aparición, era evidente que sentía dolor al desplazarse. Y lo más grave: en el abdomen había señal de tumores. Una operación podía ser posible en un perro joven, pero en un perro de edad avanzada se complicaba, sus órganos ya no estaban en las mejores condiciones y el hospital veterinario no disponía de todo el equipo necesario para operar. “Es doloroso lo que la perrita sufre y el procedimiento es riesgoso para su edad, por ahora puedo inyectarla con analgésicos, su dolor para moverse disminuirá. Pero… honestamente, la eutanasia parece ser la mejor opción”.

Pasé saliva, no estaba en mis planes que las cosas se complicaran tanto, salvar la vida de otros perritos había sido sencillo. Pero comprendí: cada caso es diferente, cada caso tiene sus especificaciones. Y los veterinarios saben mucho más de cada caso, yo no soy una experta. “Podemos hacer la eutanasia lo más pronto posible, hoy mismo, en un rato”, dijo el doctor. Acepté el procedimiento pero pedí más tiempo “¿puede quedarse con vida unos días? Hoy y mañana y el lunes la traeré de vuelta. Quiero despedirme y que sus últimas horas sean lo más  confortables posibles, por favor”, le pedí. “Claro, es posible, el medicamento que le inyectamos hará que no sienta tanto dolor al desplazarse. Entonces el lunes. Cuídala en estas horas.” Y respondí “así será, doctor, va a sentirse bien”.

Comida, bebida, quedarse en el área verde de la cerrada junto a ella, mirando el pasto, los árboles, los autos, los otros perros. Así debería ser la vida. Ella sólo quería dormir, abría sus ojos, era un animalito muy tranquilo. A veces levantaba su cabeza. Ni un ladrido, ni un intento por morderme. Entrar a la casa. Dormía en el espacio debajo de la escalera que mi madre preparó para ella con cobijas y una gran caja de cartón. Me acerqué el sillón junto a ella, por si necesitaba algo. Cuando se ponía inquieta, avisaba que quería salir al baño y salíamos al patio, yo limpiaba y volvíamos a entrar a que descansara. Seguro que había tenido casa alguna vez.

Me quedé despierta gran parte de la madrugada, vigilándola y acariciando su cabeza, lograría que esas últimas horas valieran la pena: “aquí estás bien, yo te quiero”, le dije. Y recordé a la otra pastor alemán que había tenido: Burly, quien falleció de viejita en 2015.  En mi familia adoramos a cualquier perro, los mestizos nos enternecen y divierten con sus características singulares, pero siempre hemos sentido admiración y cariño especial por la fuerte figura de los pastor alemán. El día siguiente la rutina fue la misma, pero esta madrugada se sintió más triste: en unas horas, tendríamos que despedirnos.

Llegó el lunes. En unas horas nos diríamos adiós. La alimenté y le di agua por última vez, siempre repitiéndole que la quería, que todo estaría bien muy pronto. Mi padre se despidió de ella. Mi madre y yo esperábamos a que diera la hora para pedirle a nuestra amable vecina que nos llevara a la veterinaria. Dieron las 10:55am, era hora de encaminarnos al veterinario. “Tendrás un buen viaje, amiga.”

11:30am. Su corazón todavía latía. Le dije “fuiste una gran perrita, ten un buen viaje”. Y en un momento, dejó de latir. No lloré, sólo la abracé y acaricié. No todos pueden decir adiós de una manera tan pacífica, demostrarle a alguien que estás junto a ella en sus últimos momentos es una fortuna.

11:31am. – “Puedes comprobar que su corazón ya no late, escucha”, me dijo la veterinaria y me prestó su estetoscopio para comprobarlo, me sonrío. “Hiciste lo que pudiste e hiciste lo correcto”. Hizo la revisión del reflejo ocular, todo había salido bien. Ella ya no estaba entre los vivos. Los veterinarios nos dieron las instrucciones necesarias para que el cuerpo descansara de la manera más higiénica posible, les pagamos y les dimos las gracias. La envolvimos en sus cobijas, regresamos a la camioneta con mi vecina, quien condujo de vuelta a casa. Minutos después de preparar el hoyo donde descansaría, en el patio de mi casa, la enterramos. “Ahora estás bien, muchacha. Logramos conocernos. Espero haberte hecho feliz durante unos días, porque tú me hiciste feliz a mí. Te quiero mucho.”

Ojalá haya un lugar a donde van los perros al morir, donde sean felices por siempre, sin sufrir el abandono y maltratos que muchos soportan en vida y en especial en su vejez. Lo merecen, porque son seres vivos maravillosos.

¿QUÉ ES LA EUTANASIA?

La palabra eutanasia se deriva de los términos griegos “eu” (buena) y “thanatos” (muerte), lo cual resulta en “muerte sin dolor” o “buena muerte”. En la medicina veterinaria, actualmente, no implica sólo el hecho de morir bien, sino de que el método usado para este resultado, sea humanitario, reduciendo con ello el dolor, el miedo y la ansiedad del animal.

Es importante considerar que un animalito no debe ser simplemente mantenido con vida, sino que hay que preguntarse si su calidad de vida es aceptable, pues la medicina no tiene como único fin el alargar la existencia, sino también usarse de manera racional, reconociendo a la muerte como una realidad natural, es entonces cuando podemos solicitar la eutanasia, SIEMPRE dentro de la compasión, recurriendo al conocimiento de los expertos, confiando en sus habilidades técnicas, para que el procedimiento se realice sin dolor: de manera segura para el animalito y el médico y de manera respetuosa para los sentimientos del propietario. Siempre solicita un diagnóstico de veterinarios, medita la decisión, considerando lo mejor para tu mascota y quédate presente cuando tu amigo te necesite por última vez, eso lo confortará mucho.

PARA ESTE DÍA DE MUERTOS

Escribí esto, queriendo contar lo que viví hace unos meses con una bonita pastor alemán que conocí en la calle, fue difícil y muy triste, siempre queda en la mente la idea de “pude haber compartido y hechos más”, pero los sucesos difíciles y tristes son parte de la vida. Y los veterinarios son profesionales que saben hasta cuándo usar la medicina para curar y cuándo para terminar con el dolor de los animalitos. La perrita me dejó una lección. Y quería compartirla, para todos quienes en algún momento, deban enfrentar una situación tan difícil y sobre todo, para que nunca nos olvidemos de nuestros amigos peludos, estén o ya no estén con nosotros.

FUENTES CONSULTADAS:

  • ANDERSON, R. y MAXTONE-GRAHAM, I. 1998, 22 de noviembre. Lisa Gets an A”(Temporada 10, episodio 210).  Capítulo de serie de televisión. Por SCULLY, M. The Simpsons. Twentieth Century Fox Film Productions
  • CABREJO, César. (2016). La eutanasia en medicina veterinaria de pequeños animales. Revista electrónica de veterinaria, vol. 17 n. 7 p. 5. Málaga, España
  • THE HUMANE SOCIETY: VETERINARY MEDICAL ASSOCIATION. (2013). Manual de referencia sobre la eutanasia. p.3 Estados Unidos.
Número 9

SOLO ES UN JUEGO, SOLO ES EL JUEGO DEL CALAMAR

Karime Ruiz – Redacción

“Jugaremos, muévete luz verde” O eso es lo que canta la muñeca presentada en el pequeño pedazo de tráiler de la plataforma de Netflix, El Juego del Calmar o también conocida como Squid Game, una serie coreana que muestra la situación económica de 456 jugadores, los cuales deben jugar solamente sobrevivir. Pero ¿de qué se trata bien la historia?

La serie nos narra la historia de un grupo de personas que deciden convertirse en jugadores de un misterioso juego de supervivencia que tiene como premio la enorme cantidad de 45 mil millones de wones.​ Entre los jugadores se encuentran: Gi-Hun, un hombre que parece haberlo perdido todo después de ser despedido de su trabajo; su amigo de la infancia Sang-woo, un hombre que se mete en problemas en el trabajo luego de robar dinero de la compañía; Deok-soo, un peligroso hombre dispuesto a hacer lo que sea; Joon-ho, un oficial que va de encubierto para descubrir la verdad del juego; Kang Sae-byeok, una joven desertora norcoreana que necesita dinero para su familia; Han Mi-nyeo, una mujer a la que no le importa engañar; y Abdul Ali, un joven inmigrante.

Si bien, la serie por si misma tiene muchas cosas buenas –Algo que normalmente se ve en los dramas coreanos- también hay cosas que oculta esta misma; el creador de este k-drama, Hwang Dong-hyuk ha dicho que hay un mensaje trasfondo de su creación.

Hwang Dong-hyuk tardo primero 10 años en realizarla, este drama se ha basado en los comics japoneses de supervivencia como “Gantz”, “Di[e]ce” o “Mirai Nikki”. la serie es un survival plenamente surcoreano, con motivos, problemáticas e historias oriundas del país. Al igual planto referencias de los años 70 y 80 de Corea, el concierto de trompeta para Haydn era la música que sonaba en aquella época del pais asiático, el cual pasaban los domingos en un programa de donde competían estudiantes para ganar una beca para la universidad.

La flauta de la banda sonora, fue a propósito porque es común que enseñen a tocar este instrumento en la escuela cuando aún son niños, aquella vestimenta típica de los jugadores se parece a la ropa deportiva que usaban los niños en las escuelas y en contraposición utilizaron el color rosa fuerte para la ropa de los enmascarados, los cuales, son los que dirigen el juego, pero esta vestimenta que llamo la atención de los espectadores iba a ser una ropa típica de boy scout, pero como el as principal de la serie, que debían estar lo más ocultos posibles, esta idea se retiró; las figuras que tienen en las máscaras, no es porque el director le gustaran los videojuegos, para nada, este rol marcaban el rol de cada uno:

  • El circulo para los trabajadores.
  • Triangulo para los soldados, por eso estaban armados
  • Cuadrado para los supervisores.

Estos enmascarados fueron inspirados en las hormigas, ya que, cada una tiene un trabajo específico y se mueven con un solo objetivo, su identidad oculta, usando la misma ropa y máscaras borra la individualidad y la personalidad de estas personas.

Los juegos ¡SON REALES! Se jugaban en los años 70 y 80, en las calles, en la actualidad ya no, pues Corea de Sur ahora, su mayor parte es jugando en las computadoras. El juego que se hizo challenge en redes sociales, fue el pop-ki, más que juego, había algunos comerciantes que vendían los dalgona, que son las galletitas de azúcar y bicarbonato con alguna figura en medio, estas galletitas, tenían que deshacerte prolijamente de los bordes y si podías, te mataban, bueno no, simplemente te regalaban otra galletita, un juego inocente que paso hacerse algo macabro.

Pero no todo son curiosidades, aquí la cuestión es ¿Por qué el juego del calamar se llama así? Si bien, a comparación de otros contenidos que sean de la temática de supervivencia, el cual se concentra en cómo se resuelve cada misión, en este drama, como son juegos para niños, es fácil entender para cualquier persona. El director tuvo la intención que nosotros como público, destinemos el menor esfuerzo posible para entender las reglas del juego, que no pongamos atención en los juegos, sino en el comportamiento de las personas.

En estos juegos, tenemos siempre a prestar la atención más a los ganadores, pero aquí no, el foco está más en las personas que pierden, hagámonos la pregunta tan fácil, porque si no hay perdedores ¿existirían los ganadores? El director tuvo un objetivo, al terminar esta serie nos preguntemos ¿somos como los jugadores o los lideres? Porque nosotros, cada día de nuestra vida real competimos hasta la muerte. Si bien, en la actualidad, la sociedad se ha vuelto competitiva y para sobrevivir, tenemos que vencer a otros para obtener lo que queremos, el directo comento que nuestras vidas son la continuación del juego del calamar.

Si bien, el juego principal, que tiene el mismo nombre de la serie, para querer pararnos en nuestras dos piernas hay que empujar a quien defiende para llegar a la cabeza. En este mundo donde hay que atacar y defenderse continuamente, nos hace cuestionarnos constantemente en que personas podemos confiar. Y en una sociedad en donde, ahora tener más experiencia te hace alguien que puede tener más oportunidades de un trabajo, la realidad es que, aunque con las mejores calificaciones, tener más experiencia no te hace especial, pues muchos quieren el mismo puesto que uno, como persona, quiere estar.

El juego del calamar, nos trae la crítica de esta actual sociedad en la que vivimos, si bien, era una visión de la sociedad coreana de aquellas personas que viven llenas de deudas, termino siendo una crítica y un reflejo de colectividad humana, donde aumento en esta pandemia que azota el mundo, ahora responde estas simples preguntas ¿Qué harías para obtener dinero? ¿jugador? O ¿soldado? Solo recuerda son simples juegos de niños ¿Qué puede pasar?